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adidas / junio 2019

LOS OCÉANOS MUEREN CON EL PLÁSTICO

El plástico está consumiendo nuestros océanos y destruyendo el planeta. ¿Cómo llegamos a esta situación y qué podemos hacer para salir de ella?

El plástico está en todas partes. En envases para alimentos, productos electrónicos, carros, juguetes, tarjetas de crédito y ropa. Pero también se encuentra en muchos otros lugares que no se ven. En playas deshabitadas a más de 5.000 kilómetros del ser humano más próximo, el plástico mata el plancton, responsable de la producción de oxígeno, y obstruye la garganta de los pollitos de albatros que viven en el Pacífico. El plástico llega también a nuestros cuerpos a través del torrente sanguíneo, contamina nuestros órganos y los de las personas que amamos.

Es difícil creer que un material con apenas un siglo de historia se haya convertido en uno de los contaminantes más agresivos del planeta. Y el lugar donde más daño hace son justamente los océanos, convertidos a su pesar en la cloaca del hombre. El plástico está destruyendo uno de nuestros recursos naturales más preciados y podría tener un impacto igual de destructivo en el resto del planeta. Y por mucho que un mundo sin plástico nos pueda parecer inconcebible, si seguimos usándolo como lo hacemos, no es descabellado pensar que estamos firmando nuestra propia sentencia de muerte. Si queremos proteger nuestros océanos y a nosotros mismos, debemos meditar sobre cómo llegamos hasta este punto y buscar formas que hagan retroceder la extensísima contaminación plástica antes de que nos inunde a todos.


BREVE HISTORIA DEL PLÁSTICO

Durante siglos han existido diversas formas naturales de plástico. Sin embargo, la aparición de lo que entendemos como plástico moderno, el creado por el hombre, se remonta a la fabricación de la baquelita en 1907. Más tarde, en las décadas de los años 20 y 30, impulsado por la producción industrial del cloruro de polivinilo o PVC y el poliestireno, es cuando despega realmente el plástico como material con usos para casi todo. A medida que la industria y el público en general descubrieron las grandes propiedades del plástico (es ligero, barato, resistente e infinitamente versátil), no tardó en convertirse en el material de referencia para casi cualquier objeto imaginable. Antes de darnos cuenta, ya bebíamos en vasos de plástico, con pitillos de plástico y todo se vendía con su inevitable bolsa de plástico. Luego, después de veinte minutos, todo ese plástico terminaba en la basura. El caso es que hoy siguen fabricándose anualmente más de 300 millones de toneladas de plástico nuevo (también llamado plástico virgen) en todo el mundo. Por cada persona que hay en la Tierra, hay más de una tonelada de plástico en el mundo. El plástico no es solo una industria de miles de millones de dólares, es un contaminante de miles de millones de toneladas que llega a todos los rincones del planeta.

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¿DÓNDE TERMINA REALMENTE EL PLÁSTICO DESECHADO?

El gran problema del plástico es que no desaparece como materia orgánica. En lugar de descomponerse, se rompe en pedazos cada vez más pequeños. En cierta forma, casi todo el plástico que se ha creado en la historia, aún existe en la actualidad.

¿Qué pasa entonces con el plástico que desechamos? Por mucho que reciclemos todo lo posible, en realidad se reciclan menos del 10% de los residuos plásticos que se generan. El resto acaba en un cubo de basura, luego en un vertedero, una incineradora o tirado en cualquier calle. Los residuos plásticos terminan contaminando las vías fluviales y muchas veces llegan al mar.

En los países de rentas bajas a medias, la mayoría de los residuos plásticos se eliminan de formas incluso más contaminantes para el medio ambiente. En general se presta poca o ninguna atención a la contaminación por plástico debido a la falta de instalaciones para procesamiento de residuos, la falta de educación o simplemente por existir otros motivos de preocupación más inmediatos. Al fin y al cabo, para quien no sabe cuándo volverá a comer, el problema del plástico no es una prioridad. En esos casos, la posibilidad de que un residuo plástico termine en el mar es aún mayor. Y una vez en el mar, el daño que causará será terrible.

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LOS OCÉANOS SE AHOGAN EN PLÁSTICO

Cada minuto se derrama en el mar el equivalente a un camión de basura lleno de plástico. Si seguimos a este ritmo, la comunidad científica calcula que para el año 2048 habrá más plástico que peces en el mar.

Gran parte de este plástico se fragmenta y es transportado por los vientos y las corrientes marinas hacia el interior de los océanos, lejos de las costas. Una vez allí, toda esta basura se acumula formando grandes balsas de plástico condensado o "gyres" que giran sin control y permanecerán así muchos años. Hay varias, pero la más grande es la que se conoce como la Gran Mancha de Basura del Pacífico. Contiene miles de millones de trozos de plástico que giran en una extensión hoy tres veces mayor que Francia. De vez en cuando, uno de esos gyres "escupe plástico", enviando botellas de shampoo, cepillos de dientes y bolsas de plástico hasta las orillas de islas deshabitadas a miles de kilómetros del ser humano más próximo. Pero la mayoría del plástico no permanece en la superficie, sino que también contamina el fondo marino. Se encontraron partículas plásticas a 5.000 metros bajo el mar, en los sedimentos de aguas profundas. Hasta en la fosa de las Marianas, el lugar más profundo de la Tierra, a 10 km bajo el nivel del mar, fue localizada una bolsa de plástico.

Y si hay plástico en los océanos, todas las formas de vida están en peligro. Los animales se enredan en trozos grandes de plástico, redes de pesca y cuerdas, con sus cabezas, bocas y aletas atrapadas en ellos. Un reciente estudio revela que una de cada tres especies de mamíferos marinos se ha visto atrapada en este tipo de sogas de plástico. Se descubrió que más de 230 especies de criaturas marinas tienen restos de plástico en sus estómagos. Al no poder digerirlo, el plástico obstruye el vientre del animal y le causa una lenta muerte por inanición.

En el agua, la luz ultravioleta y la erosión aceleran la descomposición del plástico en fragmentos cada vez más pequeños, del tamaño de un grano de arroz o fracciones de un micrómetro. Al ser ingeridos por la fauna marina grande y pequeña, estos microplásticos se abren camino a través del intestino y llegan hasta el torrente sanguíneo del animal. Esto puede reducir su fertilidad, dañar sus órganos o incluso causarle la muerte. Y lo que intoxica la vida marina hoy, podría intoxicarnos a nosotros muy pronto. Un tercio de los peces capturados en el canal de la Mancha contiene microplásticos en el torrente sanguíneo. Se calcula que comer mejillones en Europa equivale a ingerir 6.400 piezas de microplásticos al año. Aunque aún se desconocen las consecuencias que todo esto puede tener para la salud, no podemos negar que es culpa nuestra. Por eso, debemos pensar en las cosas que podemos hacer.


LA LUCHA CONTRA EL PLÁSTICO

El mundo está despertando, finalmente, y tomando conciencia sobre la gravedad de la contaminación por plástico. En los últimos años, un número creciente de empresas, organizaciones y gobiernos han decidido abordar el problema y buscar soluciones que puedan acabar con esta amenaza para la vida.

Una solución sería prohibir el plástico por completo. En 2014 San Francisco se convirtió en la primera ciudad en prohibir la venta de bolsas y agua en botellas de plástico en suelo público. Otras comunidades y países siguieron su estela. En Kenia, por ejemplo, los tribunales pueden sancionar con 38.000 dólares a cualquiera que venda bolsas de plástico. El gobierno de Vanuatu, en pleno océano Pacífico, ha prohibido por ley los plásticos de un solo uso.

Otras propuestas se centran en encontrar maneras de reinventar el material en sí. Por ejemplo, uno de los mayores fabricantes de juguetes del mundo invertió más de 150 millones de dólares en desarrollar un plástico biodegradable hecho con plantas. El año pasado presentó su primera línea de productos fabricados con plástico de caña de azúcar.

También se trabajó en crear dispositivos que puedan retirar el plástico del océano. Sin embargo, estas opciones aún no se probaron y los más críticos señalan que, aunque eventualmente terminaran funcionando, si seguimos arrojando plástico al mar al ritmo actual, tratar de limpiarlo sería tan en vano como pretender aspirar una tormenta de arena en el desierto. Por mucho que limpiáramos el plástico del mar, no lograríamos solucionar el problema.

Pero algunas alternativas pueden cambiar las cosas. El activismo de base, como las huelgas escolares por el clima inspiradas por la colegiala sueca Greta Thunberg, demuestran la firme voluntad de muchos por luchar contra los problemas ambientales. Los jóvenes quieren opinar sobre su futuro y el del planeta y demostraron estar dispuestos a movilizarse y actuar para ayudar a acelerar el cambio que desean ver.

Aunque las iniciativas individuales no son más que una gota en el mar, juntas pueden tener un gran impacto, aumentar la conciencia sobre el problema y canalizar el esfuerzo de todos contra la contaminación del mar. Y cuantos más seamos, mejor.

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ADIDAS CONTRA EL PLÁSTICO

adidas es una firme defensora del poder de las marcas para usar su influencia y hacer frente a los problemas ambientales. Al poner la creatividad e imaginación al servicio de la causa, encontramos formas de reducir nuestra huella ambiental creando productos que transformen la basura plástica en algo de utilidad. Fruto de nuestra colaboración con la organización medioambiental Parley for the Oceans, asumimos el reto de utilizar residuos plásticos marinos como materia prima. A tal fin, en el año 2015 presentamos en la sede de Naciones Unidas en Nueva York un nuevo concepto de calzado innovador. El exterior está confeccionado con hilos y filamentos elaborados con residuos plásticos encontrados en el mar y redes de pesca ilegales recuperadas de aguas profundas. Desde entonces, desarrollamos una colección de ropa y calzado fabricada con residuos plásticos interceptados en islas remotas, playas y comunidades costeras de todo el mundo. El plástico recuperado por Parley y su red global de activistas es limpiado, procesado y transformado en hilo apto para la fabricación de calzado y ropa deportiva de alto rendimiento y otras prendas. Desde el lanzamiento en 2016 de la primera generación de productos adidas x Parley, produjimos más de cinco millones de pares de tenis confeccionados con residuos plásticos recuperados del mar y en 2019 tenemos previsto producir 11 millones más. Esta cifra supone que más de 2.810 toneladas métricas de plástico no llegarán al mar. adidas está decidida a trabajar por un futuro sin plástico. Exploramos nuevos materiales que lo sustituyan y nos comprometemos a desterrar gradualmente el poliéster virgen de nuestros productos (siempre que existan alternativas) para el año 2024. Además suprimimos las bolsas de plástico de nuestras tiendas, las microperlas de nuestros geles de ducha y prohibimos la utilización de plásticos de un solo uso en nuestras oficinas de todo el mundo.

Creemos en el poder de la educación para combatir la contaminación plástica. Desde 2017, nuestra iniciativa anual Run For the Oceans utiliza el poder del deporte para generar conciencia sobre la amenaza que supone la contaminación por plástico de los océanos e inspirar acciones positivas en todo el mundo. Con cada kilómetro que corren los participantes, adidas aporta un dólar para apoyar los programas educativos de Parley Ocean School. El programa prepara a las generaciones futuras para la lucha por unos océanos más saludables y un planeta más limpio. Educa a los jóvenes sobre la importancia de proteger los océanos, la amenaza que supone la basura plástica y las acciones que pueden emprender para vivir en armonía con el entorno que los rodea.

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EL FUTURO ESTÁ EN NUESTRAS MANOS

Para alejarnos de este escenario apocalíptico, debemos dejar de fabricar y usar plástico para siempre. Mientras sigamos consumiendo plásticos de un solo uso y comprando artículos fabricados con plástico virgen, estaremos acelerando la destrucción de nuestro entorno y de nuestras vidas.

Aunque esto plantee un desafío abrumador, hay una serie de acciones sencillas que podemos poner en práctica para ayudar a impulsar el cambio que necesitamos. Por ejemplo, usar plásticos reciclados en lugar de plásticos de un solo uso, aunque aún mejor sería eliminar por completo el plástico de nuestras vidas. Otra opción sería limpiar la basura de plástico que se amontona en nuestras playas, ríos, parques y calles. O apoyar a aquellos políticos, gobiernos y empresas que trabajen por un futuro sin plástico, y rehuir a los que no lo hagan. Se trata de utilizar el poder de la imaginación para colaborar y trabajar unidos por un mundo mejor.

Si bien todas estas acciones pueden parecer pequeñas o intrascendentes, si millones de personas las realizan juntas es muy posible que las cosas cambien. Anima a todos los que te rodean a unirse a la causa. Juntos podríamos ser el principio del fin de la contaminación por plástico. Por el bien de nuestros océanos, de nuestro planeta y de nosotros mismos, debemos actuar.

adidas / junio 2019